Fotorreportaje: el viaje sin retorno del jazz a la “Vega”
El pasado viernes 8 y sábado 9 de
noviembre los colores, aromas y sabores del Mercado de la Vega Central se
mezclaron con las sonoridades y ritmos de la música popular para ser sede de un
importante encuentro musical que cada año gana más adeptos entre el público
santiaguino y que presenta a los más destacados jazzistas de la escena nacional.
Dos tardes consecutivas de música
al aire libre junto a grandes figuras del jazz nacional, dieron forma a la 3era
versión del “Festival Jazz a la Vega”, instancia que, al igual que los años
anteriores, cuenta con la organización del Colectivo Mapocho (defensores del
patrimonio nacional) en conjunto con la comunidad de La Vega Central, representada
en sus tres secciones: sector antiguo, sector remodelado y el patio de remate.
A ellos se une el auspicio de los locatarios, como es el caso de “Doña
Josefina” (fábrica de masas), “Somos Todo envase”, “Carnes Provecar” y
productos alimenticios “Los González”.
La jornada abrió con el discurso
inaugural del presidente del sector antiguo de la Vega, Roberto Núñez,
agradeciendo a los asistentes y colaboradores y comunicándonos una breve historia
del aquel lugar patrimonial. Siguió la introducción histórico-musical de Andrés
Pérez, saxofonista y gestor cultural, miembro del Colectivo Mapocho, quien enfatizara
los orígenes populares del Jazz y su conexión con la música negra y los
sectores marginados de la sociedad norteamericana.
La musicalidad de Karen Rodenas
inició el concierto junto a su banda de talentosos músicos: el bajista Sebastián Gómez -miembro de Gypsy
Trío-, el baterista Andy Baeza –de Ángel Parra Trío-, el guitarrista Sebastián Prado
y el saxofonista Cristián Gallardo. Juntos, interpretaron standards de la era del swing y el bebop, dando mucha libertad a la
improvisación vocal, donde Karen se luce en su dominio del scat.
El saxofonista Cristian Gallardo,
por su parte, aprovechó la instancia para el lanzamiento inédito de su tercer
disco “Cuok Cuok”, junto a Gonzalo Gómez en el bajo y Hugo Manuschevich en
batería. Los temas presentados tenían diversas influencias: aires a Coltrane,
Sidney Bechet, Pee Wee Russell y también ciertas sonoridades provenientes de la
música dodecafónica de Arnold Schoenberg y rockeros como Jeff Buckley.
El día viernes finalizó con el
gran bajista Christián Gálvez y su proyecto The Organ Cuartet, conformado por Agustín
Moya en saxofón, Óscar Pizarro, pianista, tecladista y organista, el versátil
baterista Ronald Báez e Iván Pérez en clarinete bajo. La banda tocó temas
propios de Galvez, además de arreglos interesantes de algunos standars
clásicos.
El día sábado se presentó SAGARE
Trío, banda instrumental integrada por los talentosos músicos Juan Antonio
Sánchez, Emilio García y Antonio Restucci, quien lamentablemente no pudo estar
presente debido a una grave lesión en su muñeca izquierda. Aún así, la banda
destacó por su virtuosismo musical caracterizada por la fusión entre música
popular latinoamericana con el jazz y el folclor de diversos lugares del mundo.
Hay también influencias del jazz manouche, que se aprecian sobre todo en la
viveza y la soltura de las improvisaciones.
Un formato más clásico, fue el presentado por la banda Interestelar
Trío, liderada por el trompetista Sebastián Jordán y con Roberto Dañobeitía en
la guitarra y Eduardo Peña al bajo. Interpretaron versiones de la música de
Thelonious Monk, Cole Porter y Bud Powell.
Y para finalizar el Festival, un
cierre magistral a cargo de la improvisación libre de Martin Joseph junto a los
nueve instrumentistas que componen The
Pacific Ensamble, su proyecto más acabado y que, entre otras cosas, desarrolla
el concepto de los “vientos parlantes”: una audaz improvización de cuatro
vientistas (trompeta, saxo tenor, saxo y trombón) que van tejiendo una
conversación musical única e inesperada.
Sin duda una gran jornada musical
que vino a romper la cotidianeidad del espacio citadino, ofreciendo música, colores,
sonidos, ritmos y sensaciones. Dos noches musicales que finalizaron con un
grato aroma a frutillas recién llegadas a la capital para ser ofrecidas al día
siguiente en ese especial lugar donde lo mejor del jazz nacional cobró vida.
Con todo, cabe esperar que para
las próximas jornadas del Jazz a la Vega, se pueda realizar una mirada aún más
profunda al jazz acunado en los sectores aledaños a la Estación Mapocho y que
hace unos años era tocado en la misma Vega y el Mercado Central por cantores
populares como Roberto Parra y su mujer Catalina Rojas (aún viva) o Lalo Parra.
Sería interesante observar la reacción de los locatarios frente al llamado
“jazz guachaca” tan cercano a ellos y a todos nosotros en lenguaje musical y
poesía popular escrita en décimas. Sin lugar a dudas sería un muy interesante experimento
y desafío.
CARO CHACANA


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