miércoles, 28 de mayo de 2014

Con alta convocatoria de público culminó la 3era versión del “Festival Jazz a la Vega”, junto a grandes figuras del jazz nacional actual.

Por tercer año consecutivo este festival llenó de música el tradicional barrio de Santiago

Fotorreportaje: el viaje sin retorno del jazz a la “Vega”


El pasado viernes 8 y sábado 9 de noviembre los colores, aromas y sabores del Mercado de la Vega Central se mezclaron con las sonoridades y ritmos de la música popular para ser sede de un importante encuentro musical que cada año gana más adeptos entre el público santiaguino y que presenta a los más destacados jazzistas de la escena nacional. 


Dos tardes consecutivas de música al aire libre junto a grandes figuras del jazz nacional, dieron forma a la 3era versión del “Festival Jazz a la Vega”, instancia que, al igual que los años anteriores, cuenta con la organización del Colectivo Mapocho (defensores del patrimonio nacional) en conjunto con la comunidad de La Vega Central, representada en sus tres secciones: sector antiguo, sector remodelado y el patio de remate. A ellos se une el auspicio de los locatarios, como es el caso de “Doña Josefina” (fábrica de masas), “Somos Todo envase”, “­Carnes Provecar” y productos alimenticios “Los González”.

La jornada abrió con el discurso inaugural del presidente del sector antiguo de la Vega, Roberto Núñez, agradeciendo a los asistentes y colaboradores y comunicándonos una breve historia del aquel lugar patrimonial. Siguió la introducción histórico-musical de Andrés Pérez, saxofonista y gestor cultural, miembro del Colectivo Mapocho, quien enfatizara los orígenes populares del Jazz y su conexión con la música negra y los sectores marginados de la sociedad norteamericana.


La musicalidad de Karen Rodenas inició el concierto junto a su banda de talentosos músicos:  el bajista Sebastián Gómez -miembro de Gypsy Trío-, el baterista Andy Baeza –de Ángel Parra Trío-, el guitarrista Sebastián Prado y el saxofonista Cristián Gallardo. Juntos, interpretaron standards de la era del swing y el bebop, dando mucha libertad a la improvisación vocal, donde Karen se luce en su dominio del scat.
El saxofonista Cristian Gallardo, por su parte, aprovechó la instancia para el lanzamiento inédito de su tercer disco “Cuok Cuok”, junto a Gonzalo Gómez en el bajo y Hugo Manuschevich en batería. Los temas presentados tenían diversas influencias: aires a Coltrane, Sidney Bechet, Pee Wee Russell y también ciertas sonoridades provenientes de la música dodecafónica de Arnold Schoenberg y rockeros como Jeff Buckley.
El día viernes finalizó con el gran bajista Christián Gálvez y su proyecto The Organ Cuartet, conformado por Agustín Moya en saxofón, Óscar Pizarro, pianista, tecladista y organista, el versátil baterista Ronald Báez e Iván Pérez en clarinete bajo. La banda tocó temas propios de Galvez, además de arreglos interesantes de algunos standars clásicos.

El día sábado se presentó SAGARE Trío, banda instrumental integrada por los talentosos músicos Juan Antonio Sánchez, Emilio García y Antonio Restucci, quien lamentablemente no pudo estar presente debido a una grave lesión en su muñeca izquierda. Aún así, la banda destacó por su virtuosismo musical caracterizada por la fusión entre música popular latinoamericana con el jazz y el folclor de diversos lugares del mundo. Hay también influencias del jazz manouche, que se aprecian sobre todo en la viveza y la soltura de las improvisaciones.

Un formato más clásico,  fue el presentado por la banda Interestelar Trío, liderada por el trompetista Sebastián Jordán y con Roberto Dañobeitía en la guitarra y Eduardo Peña al bajo. Interpretaron versiones de la música de Thelonious Monk, Cole Porter y Bud Powell.
Y para finalizar el Festival, un cierre magistral a cargo de la improvisación libre de Martin Joseph junto a los nueve instrumentistas que componen  The Pacific Ensamble, su proyecto más acabado y que, entre otras cosas, desarrolla el concepto de los “vientos parlantes”: una audaz improvización de cuatro vientistas (trompeta, saxo tenor, saxo y trombón) que van tejiendo una conversación musical única e inesperada.   
Sin duda una gran jornada musical que vino a romper la cotidianeidad del espacio citadino, ofreciendo música, colores, sonidos, ritmos y sensaciones. Dos noches musicales que finalizaron con un grato aroma a frutillas recién llegadas a la capital para ser ofrecidas al día siguiente en ese especial lugar donde lo mejor del jazz nacional cobró vida.
Con todo, cabe esperar que para las próximas jornadas del Jazz a la Vega, se pueda realizar una mirada aún más profunda al jazz acunado en los sectores aledaños a la Estación Mapocho y que hace unos años era tocado en la misma Vega y el Mercado Central por cantores populares como Roberto Parra y su mujer Catalina Rojas (aún viva) o Lalo Parra. Sería interesante observar la reacción de los locatarios frente al llamado “jazz guachaca” tan cercano a ellos y a todos nosotros en lenguaje musical y poesía popular escrita en décimas. Sin lugar a dudas sería un muy interesante experimento y desafío.
CARO CHACANA


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